Dandis, pomposos y pendencieros: usos y costumbres en las salas de armas ibéricas del s. XVI y XVII 16 de septiembre de 2016 – Posted in: Destreza Comum, Destreza Portuguesa, Paraesgrima, Verdadeira Destreza – Tags: , , , ,

«Usos y costumbres en las salas de armas ibéricas del s. XVI y XVII» por
Manuel Valle Ortiz, Denís Fernández Cabrera
Compostela, Galiza: AGEA Editora, 2016.

Este artículo es un extracto de los antetextos de la segunda edición de las Lições da Espada Preta de Tomás Luís. Esta segunda edición, revisada y corregida, aportará datos como los recogidos en este artículo, así como una traducción completa al inglés para acercar estas materias al público internacional.

«Têm os Mestres obrigação de estarem em pê, com o bastão na mão para atalharem as sem-razões, e castigarem a quem as cometer.»

Thomas Luis,
Tratado das Lições da Espada Preta

La abundante literatura de la esgrima ibérica entre los siglos XVII y XVIII recoge indicaciones de como se deben comportar los alumnos y los maestros en las salas de armas, tanto en la enseñanza, como en las competiciones que se entablen en ellas.

Esta materia constituye un campo paralelo al del estudio teórico y práctico de la técnica esgrimística en sí que puede resultar considerablemente esclarecedor y complementario, por cuanto revela, por ejemplo, el nivel de seguridad y las lesiones que se podían esperar, y por tanto la intensidad o conservadurismo que los combatientes generalmente emplearían en los asaltos. Es también esclarecedor atisbar que las competiciones entre escuelas no eran un fenómeno extraño, y que los maestros debían ser contenidos de igual forma que los estudiantes, o que las trampas y falsedades estaban a la orden del día entre unos y otros. Finalmente, también se pueden inferir aproximaciones divergentes a la docencia de la forma en que diferentes autores estructuraron sus obras, lo que puede resultar tanto de interés al interpretar sus textos, como a la hora de organizar aulas en el presente.

Quisimos, así, reunir en este breve artículo una introducción a este material. Esperamos despertar el interés por el estudio de lo que podríamos llamar paraesgrima, y ayudar a quien se quiera iniciar en el mismo a identificar algunas de las fuentes más relevantes.

Protecciones y seguridad

En primer lugar debemos considerar los elementos de protección que se utilizaban en las salas de armas y en situaciones de combate real.

En la Real Cedula de nombramiento del Maestro Mayor Gomez Dorado,1 otorgada por los Reyes Catolicos el 4 Junio de 1478 en Zaragoza, se especifica que el Maestro tiene la obligación de supervisar que los discípulos lleven un birrete de protección en la cabeza. El sombrero constituye una gran protección de la cabeza y de la cara, sobre todo si tiene alas anchas. Luis Diaz de Viedma (1639) nos dice que podían acabar en el suelo pedazos de las alas de los sombreros. Tomás Luis (1685), más interesado en el orgullo que en la seguridad, nos indica que si se resulta herido en la cabeza, en vez de hacer ostentación de la herida quitándose el sombrero, se apriete este mas para contener la hemorragia y se siga combatiendo, para no dar así la satisfacción al oponente de saber que nos ha alcanzado. También se considera buena práctica, en caso de un golpe dirigido a la cara del contrario, no ejecutarlo, sino desviarlo al ala del sombrero para derribarlo al suelo. Este costumbre está también ejemplificado en el conocido (aunque apócrifo) episodio entre Pacheco de Narváez y Quevedo. Ya en el s.XVIII Rodríguez del Canto en su obra El Discípulo Instruído nos dá una descripción del sombrero del Maestro:

«El sombrero que se ha de poner el Maestro para aleccionar ha de ser tendido de alas y muy fuerte o duro, no porque el discípulo ha de ejecutar las cuchilladas con mucha fuerza, antes bien con ella reservada; sino por si acaso, ya de cansado o por olvido y descuido, diere fuerte».

Podemos suponer que hasta los primeros años del siglo XVII algunos elementos del vestuario como los cuellos de lechuguilla proporcionaban una buena protección, así como en los últimos años del siglo XVII la moda de llevar el pelo largo y suelto.

Otro elemento del vestuario que proporcionaba protección era la capa. Pacheco en el Libro de las Grandezas de la Espada (1600) nos muestra un grabado en que se enrolla la capa alrededor del cuerpo como protección y nos recomienda ejercitarse con ella puesta (y no quitarla como es costumbre) para estar preparados en caso de un encuentro real.

Existen testimonios del empleo de la capa de manera activa en el Arte de Esgrima de Godinho (1599), en la Oplosophia de Figueiredo (1628), en el Modo Fácil de Pacheco (1625) y en su Nueva Ciencia, (póstumo, 1672) así como en Rodríguez del Canto (ca. 1735).

Los guantes formaban parte del vestido de todo caballero. Aunque no se mencionen específicamente en muchas fuentes, aparecen en la mentada Cédula de Nombramiento de Gomez Dorado en 1478, y más tardíamente en el Discípulo Instruído de Rodriguez del Canto: «Los guantes han de ser de ante, pero muy flexibles, de suerte que no impidan el juego y manejo de las manos».

Las espadas de práctica

En cuanto a las espadas empleadas en la práctica, de Tomás Luís se infiere que no era infrecuente el uso de espadas «negras» (esto es: romas y sin punta, específicamente hechas para la prática, en oposición a las «armas blancas» hechas para herir) que contarían con «botón» en la punta (alguna forma de remate romo más ancho, integral a la hoja de la espada) y una «zapatilla» que lo recubría: una cubierta, quizás, de cuero. A su vez, esta zapatilla parecía estar rellena (tal vez de lana?). Retorcer y retirar esta zapatilla de la propia espada, dejando a la vista un botón que tal vez fuese demasiado peligroso, era un ardid suficientemente frecuente entre los practicantes con mala intención como para que Tomás Luís nos recomiende estar alerta.

Pacheco en Grandezas recomienda utilizar espadas que no sean ni muy ligeras ni cortas, sino de la marca (esto es: de la medida legalmente marcada para la espada de la época), e incluso algo mas pesadas que las que se llevan habitualmente. También sugiere, en contra de lo indicado en el párrafo anterior, utilizar espadas blancas con los filos embotados y con un botón pequeño [tal vez creado doblando la punta?] sin zapatilla, para mejor asemejarse a las espadas reales. Diaz de Viedma usa espadas anchas, blancas con los filos quitados en la muela y zapatillas pequeñas. Tomas Luis nos recomienda que sea cortadora y tiesa. Rodríguez del Canto prefiere una espada con botones grandes y ningún filo y para la palestra pública que sea tiesa, ligera, bien guarnecida, sin filos, y con grandes botones o zapatillas.

Las espadas negras pertenecían a la sala y el que rompía alguna debía pagar su precio al Maestro.

Antes de un encuentro, las espadas negras se «asentaban», es decir: se dejaban en el suelo, de donde las tomaban los combatientes y donde las volvían a dejar al acabar de batallar.

Combates amistosos y hostiles: batallas y riñas

Se llamaba «batallar» (batalhar em Portugal) a los encuentros que tenían lugar en las salas de armas entre alumnos de la misma sala (o en ocasiones con discípulos de otras salas), a diferencia de los encuentros serios, que se decían «reñir» (brigar). Estos encuentros, batallas y riñas, se gobernaban por diferentes usos en cada caso.

Para batallar, los contendientes se despojaban de su capa y espada, así como de otras armas que pudieran traer antes de empezar el combate. Tomas Luis recomienda dejar capa y espada propia (blanca) al cuidado de un amigo, porque en las salas de armas a veces se podían generar situaciones conflictivas que requerían tener las armas reales a mano. Así mismo se recomienda al acabar el combate no dejar la espada negra antes de haber recogido la capa y espada propias.

Pacheco (Grandezas) aconseja batallar sin desprenderse de la capa y otras armas como forma de entrenamiento para los casos serios.

El Maestro supervisaba los combates, utilizando el bastón (que Figueiredo describe de ~175cm y reforzado con hierro en los extremos y declara preferible en su Oplosophia, donde detalla reglas para su uso y la información que sigue) o el montante (o aún a veces, se nos dice, la alabarda) para detener el combate, separar las armas o a los contendientes y castigar a los infractores.

El Maestro de la sala era quien empuñaba el bastón y dirigía el encuentro, pero en caso de enfrentamiento entre alumnos de diferentes escuelas, para evitar el conflicto entre Maestros, se podía entregar el bastón a uno de los diestros presentes para evitar que sucediese una forma de injusticia relatada por Tomás Luis: que el Maestro ayudase a su alumno, interfiriendo con el bastón los movimientos del contrario.

Figueiredo desaconseja ceder el bastón a nadie que no sea Maestro, porque es el símbolo de la autoridad, y que en su lugar se utilicen espadas negras para mediar en el combate.

Aunque Godinho recomienda que el Maestro no participe en los combates públicos, se podia permitir el enfrentamiento con otros Maestros o personas distinguidas. Por contra, en el Dialogo (1724) se recomienda que el Maestro batalle con cualquiera que se lo pida, y permitir la participación de cualquier persona (incluso de negros y esclavos) en los encuentros públicos.2

El saludo

Generalmente el encuentro comenzaba formalmente con los contendientes tomando las espadas del suelo y saludándose.

Godinho describe los siguientes pasos: tomar las armas negras del suelo, dejar la capa y espada, saludar haciendo la cruz con la espada del contrario y comenzar a batallar. Figueiredo recomienda evitar excesivos floreos, siendo suficiente quitarse el sombrero al principio y al final de la contienda.

Rodriguez del Canto, ya en el siglo XVIII, nos dá una descripción bastante detallada: uno de los contendientes ya esta en el campo, el otro se acerca con su espada, capa, casaca y sombrero, toma la espada del suelo, saluda al Maestro y se va a quitar la capa y armas que trae. Vuelve luego, se quita el sombrero, hace la cruz con el montante del Maestro y a continuación con la espada del otro contendiente. Finalizado esto se retira, se vuelve a poner el sombrero y puede comenzar el combate.

Godinho tambien nos dá en Arte de Esgrima la descripción de los saludos y floreos que se hacían al terminar el combate antes de asentar las espadas en el suelo. En el Título de Teniente de Maestro Mayor de don Pio de Zea de 1788 se menciona la antigua costumbre de saludarse con el Maestro y el otro contendiente haciendo la cruz con las espadas. Y tambien en el Dialogo (1724) de Oviedo se recomienda hacer cortesía al empezar y acabar la batalla.

Resulta curioso comprobar que todas las descripciones que tenemos, aunque con mas de un siglo de diferencia y provinientes de diferentes salas de la Península Ibérica, tienen bastantes similitudes. Así, contra la opinión de que en la Destreza no se saludaba, tenemos diversos testimonios en otras obras literarias contemporáneas, además de estas descripciones en los manuales, de que en efecto el saludo existía y podía ser considerablemente elaborado.

Duración, puntuación y recomendaciones para los encuentros

Gomes de Figueiredo (Oplosophia) propone limitar el combate a seis encuentros para aumentar la resolución de los asaltos y evitar el empecinamiento en caso de que se falle repetidamente (aunque el vencedor pueda continuar). También establece un sistema de valoración de los golpes que se den: Estocada mejor que tajo y este mejor que revés; mas valor los golpes altos que los bajos; mejor de primera que de segunda intención.

En caso de que se rompa una espada se debe abandonar el combate, aunque el diestro puede defenderse con lo que quede de ella si es necesario.

Mendez de Carmona (Avisos) recomienda batallar con intensidad para impresionar al contrario y a los espectadores, pero en caso de enfrentarse a príncipes y señores usar respeto y cortesía, incluso dejándose ganar.

Tomás Luís nos advierte de que las heridas que se den al batallar deben ser altas, de la cintura para arriba, y en caso de ir dirigidas al rostro se debe evitar tocarlo, dando en su lugar en el ala del sombrero para derribarlo.

También Tomás Luís nos advierte de que en caso de resultar herido en la boca se debe evitar escupir la sangre. Por el contrario, recomienda apretar los labios y seguir combatiendo para que el contrario no sepa que estamos heridos.

Pacheco, en el Modo Fácil y Nuevo, advierte de que las lesiones son responsabilidad de quien las ha producido, debiendo encargarse de los gastos necesarios para su curación: dos doblones y un sombrero por una herida en la cabeza.

Aparte de todas estas recomendaciones en el Dialogo (1724) se enumeran varias mas:

  • No utilizar insultos (malas palabras); no hablar durante la batalla
  • No hacer zancadillas ni empujones.
  • No agarrar las hojas con la mano izquierda.
  • No aprovecharse de la caida del contrario o de la rotura de su arma.

El espacio de la escuela

El mismo Diálogo indica que en las escuelas debe haber bancos para los alumnos y una silla para el Maestro, y que la sala debe estar limpia y aseada, sin muebles ni estorbos. Debe haber buenas espadas de marca (esto es: de la medida reglamentaria) con buenos botones y zapatillas. Y luces en caso de darse lecciones de noche.

En algunas ilustraciones incluidas en los manuales de Destreza, aunque no estamos seguros de que realmente fueran así, vemos salas de dimensiones amplias, suelo embaldosado, y completamente despejadas (Pacheco Grandezas; Pacheco, Principios geométricos; Ettenhard; Pona; Rodríguez del Canto).

Remuneración

Aparte del estipendio que se daba al Maestro por las lecciones (ocho o doce reales mensuales, según Pacheco en Modo Fácil)), se le podían dar retribuciones complementarias por lecciones particulares o por aprender ciertas técnicas especiales.

Godinho menciona el pago de un suplemento equivalente a una (o varias) mensualidades por enseñar el uso de la capa como una especialidad. También advierte que algunos maestros (y Maestros Mayores) enseñan de forma diferenciada la daga, broquel y rodela para así cobrar por tres armas, cuando en realidad son muy similares.

En el Modo Fácil y Nuevo también se menciona el pago de suplementos por la enseñanza de técnicas especiales. Pacheco advierte también que algunos maestros deshonestos podían recibir este dinero por dejarse vencer facilmente por el discipulo y hacerle creer que había alcanzado una gran competencia, incluso amañando encuentros con supuestos maestros para convencer al discípulo de su gran habilidad.

Enseñar a zurdos

A los zurdos se les trataba de diferente manera.

Godinho, en Oplosophia, escribe un capítulo con recomendaciones específicas contra zurdos.

Figueiredo (Arte de Esgrima) considera la zurdera un defecto que debe ser corregido, aunque admite que el diestro debe acostumbrase a lidiar con los zurdos e incluso saber manejar la espada con la mano izquierda por si fuera necesario.

Tomas Luis, en Lições da Espada Preta, encuentra mas difícil enfrentarse con un izquierdo, por lo que dá recomendaciones de las técnicas mas adecuadas para ellos.

Diaz de Viedma reconoce la dificultad de enfrentarse con zurdos («que por culpa de los padres es un gran defecto»). Recomienda que los zurdos se hagan diestros, para lo que desarrolla su propio método.

Rodriguez del Canto nos informa que las técnicas son las mismas, solo que cambiando adentro por afuera.

Encuentros de noche

En situaciones especiales como de noche o en un sitio oscuro se debe buscar la espada del contrario, y no hablar porque «la lengua ni hiere ni mata» y puede revelar nuestra situación. Tomas Luis recomienda practicar esto en la sala de armas con los ojos vendados.

En los textos sobre el montante se recomienda llevarlo desenvainado de noche, para facilitar su uso en caso necesario, sin engorrosos desenvaines. Tambien recomiendan no dejar capas, sombreros o vainas de las espadas, abandonadas en el sito del encuentro, tanto por su valor material como para no dejar evidencias que faciliten la identificación de los participantes. [Ver Ton Puey]

Otras situaciones

Algunos autores como Martín Firme distinguen las acciones a realizar con la espada negra y la blanca, mientras que con la primera se pueden permitir combinaciones más elaboradas, cuando se trata de un asunto serio con espadas blancas solo se deben usar las más seguras.

El método docente: memorística versus. constructivismo

Aunque existen numerosos tratados de esgrima de los siglos de oro en los que se enseña con mayor o menor detalle el contenido de la disciplina, sin embargo unicamente disponemos de referencias escasas acerca de la metodología de enseñanza, bien en esos mismos textos o de pasada en otras obras literarias contemporaneas.

De las obras que nos han llegado podemos inferir dos corrientes pedagógicas a la hora de estructurar la enseñanza de la esgrima, que llamaremos el «Sistema de Reglas» y el «Sistema Constructivista». Aunque la primera corriente fue, con certeza, dominante antes de la llegada de la Verdadera Destreza y aún substistió parcialmente durante siglos (tenemos su última referencia en el S.XVIII con Rodríguez del Canto), es poco conocida, de modo que vamos a dedicar algunas líneas a su descripción.

El «Sistema de Reglas» es fundamentalmente memorístico y casuístico, y de él tenemos mejor ejemplo en las enseñanzas de maestros de la Esgrima Común. Bien directamente a través de sus obras (Godinho), bien por referencias (notables son las críticas a las reglas de Carranza o Pacheco).

Las «Reglas» eran enseñanzas genéricas o específicas con respecto a una arma o combinación de armas o situación que el maestro presenta al estudiante («lucha contra dos o tres oponentes», «regla para espada y rodela», etc) y para las que dá soluciones particulares. Estas soluciones son presentadas, como es lógico, con correspondencias entre si y referencias cruzadas, ya que cada maestro presenta su propio sistema (consciente o inconscientemente), pero se trata en general de una aproximación dogmática: en la situación X, la respuesta es Y. De llas se deduce una aproximación a la docencia centrada en la repetición de estas situaciones y ejercícios, y del retorno constante a la regla en cuestión a aplicar para la situación que se estudie.

Algunos autores describen sus reglas de forma laxa. Este es, por ejemplo, el uso que hace Thomas Luis en Lições da Espada Preta. En esta variante, el autor nos dá indicaciones para el manejo de la espada para la situación en cuestión, expresadas de forma general como recomendaciones, pero sin una estructura fija identificable. Es interesante hacer notar que Tomás Luís usa el término en singular, «regla» en lugar de «reglas», en los títulos de las secciones respectivas. Esto sugiere una traducción adecuada, menos literal como «enseñanzas» o «técnicas» ( «la enseñanza de la espada y rotella», «técnica para luchar contra dos o tres oponentes», etc.)

Diaz de Viedma, aunque da un par de reglas más estructuradas y precisas, en la tercera regla «para hacer plaza» ofrece unos principios generales con varias posibles resoluciones.

Otros autores, como Figueiredo en su Memorial da Prattica do Montante, nos presentan reglas más rígidas y bien definidas, muchas veces con nombres específicos («para hacer plaza»; «guardadama», «guarda capa y hacienda», «crujía de galera», etc) transversales entre diferentes autores (aunque los movimientos que presenten sean diferentes). Estas reglas son secuencias de movimientos fijos, evocadores talvez de las katas de ciertas artes marciales orientales, pensadas para que el alumno las practique en solitario repetidamente, hasta interiorizar los movimientos. Uno podría sentir la tentación de traducir este uso de las «reglas» como «floreos» pero, a diferencia de éstos, las «reglas» por lo general (pero no siempre) tenían una aplicación específica a situaciones específicas (de hecho hay únicamente una regla que es específicamente llamada de «floreo»: en el Arte de Esgrima de Godinho se nos describen movimientos reservados para lucimiento o práctica del maestro).

Algunos autores ocupan un campo intermedio, como Godinho en Arte de Esgrima, que detalla reglas «fijas» en algunas partes de su obra (el montante o las dos espadas, por citar dos casos) y reglas «laxas» en otras («reglas contra traiciones», «reglas para zurdos», o incluso habla de las «tres reglas generales» sobre las que asienta su sistema).

Finalmente, aún hay maestros como Figueiredo (Oplosophia, Memorial da Prattica do Montante) que, firmemente asentados en la Verdadera Destreza, empleaban una aproximación constructivista para toda su enseñanza con la excepción del Montante (y del Mangual u otras armas que a él se asociaban), para el que retornaban al viejo sistema de reglas. Eso sí, aclarando al lector que no debe hacer un uso automático de dichas reglas, sinó emplearlas como fuente de aprendizaje y extraer de cada una recursos que aplicar a la situación que se le presente, mezclando y combinando elementos de las secuencias indicadas en las reglas para crear soluciones ad hoc.

En abierta oposición al «Sistema de Reglas», lo que hemos llamado «Sistema Constructivista», en clara referencia a la moderna corriente pedagógica de similar nombre, es un modelo de enseñanza que busca explicar al alumno los principios básicos que rigen el combate, entrenar su análisis y su capacidad de hallar las mejores soluciones, y proporcionar así un andamiaje con el que pueda resolver, en principio, cualquier situación futura con que se encuentre, sea conocida o inesperada. Se trata, como resultará evidente, de la aproximación favorecida (en general, como veremos) por los autores de la Verdadera Destreza, quienes denostaban la aplicación de las reglas y del principio de autoridad que subyace tras ellas (Pacheco, Carranza).

Concerniente a este método de enseñanza, la obra en la que encontramos más indicaciones es el Modo Fácil y Nuevo, de Pacheco. En ella se ofrece un programa de enseñanza estructurado, con contenidos presentados en forma de preguntas y respuestas, de acuerdo con el método socrático. También hay indicaciones del tiempo que se debe dedicar a la enseñanza, así como indicaciones generales al Maestro. Incluye también consejos acerca del momento en que los alumnos pueden empezar a combatir: no al principio, sino cuando estén bien instruidos en la teoría y práctica, cuando ya estén diestros, o cuando conozcan los fundamentos y siempre al principio delante del Maestro, o solo con el Maestro.

[ El Sistema de Reglas aplicado al montante, así como los autores que lo emplean en las obras que a día de hoy conocemos, es explorado en profundidad por Ton Puey en su artículo An Overview of the Iberian Montante, que recomendamos. ]

Bibliografia

  • Diálogo Maestro Discípulo (B.Univ.Oviedo)
    MS, 1724?
    (Valle .94)
  • Diaz de Viedma, Luis
    Método de enseñanza de maestros.
    1639
    (Valle .96)
  • Ettenhard, Francisco
    Compendio de los fundamentos de la verdadera destreza.
    1675
    (Valle .152)
  • Figueiredo, Diogo Gomes de
    Oplosophia e verdadeira destreza das armas (ed. Crítica).
    Santiago de Compostela: AGEA editora, 2013.
    (Valle .159)
  • Firme, Manoel Martins
    Espada firme.
    1774
    (Valle .161)
  • Godinho, Domingo Luis
    Arte de Esgrima (Ed. crítica).
    Santiago de Compostela: AGEA Editora, 2015.
    (Valle .188)
  • Lições de Marte. (ed. crítica) [Marte]
    Santiago de Compostela: AGEA editora, 2014
    (Valle .223)
  • Luís, Thomás
    Tratado das lições da espada preta e destreza, que hão de usar os jogadores dela. (Ed.crítica)
    Santiago de Compostela: AGEA/Edizer, 2010.
    (Valle .248)
  • Méndez de Carmona, Luis
    Avisos importantes para el diestro en la esgrima
    1899
    (Valle .265)
  • Pacheco de Narváez, Luis
    Libro de las grandezas de la espada
    1600
    (Valle .329)
  • Pacheco de Narváez (B.R.A.Historia)
    Principios geométricos y demostraciones matemáticas, conclusiones, máximas y aforismos…
    MS, s.XVII
    (Valle .323)
  • Pacheco de Narváez, Luis
    Modo fácil y nuevo para examinarse los maestros (ed.crítica).
    Santiago de Compostela: AGEA editora, 2011.
    (Valle .336)
  • Pacheco de Narváez, Luis
    Nueva ciencia y filosofía de la destreza de las armas.
    1672
    (Valle .345)
  • Pona, Jose de Barros Paiva e Morais
    Compendio dos fundamentos da verdadeira destreza
    MS, 1768
    (Valle .373)
  • Rodríguez del Canto, Diego
    El discípulo instruído y diestro aprovechado en la Ciencia Filosófica y Matematica de la Destreza de las Armas.
    MS, 1735
    (Valle .394)
  • Sánchez de Carranza, Jerónimo
    Libro que trata de la filosofía de las armas y de su destreza.
    1582.
    (Valle .411)
  • Valle Ortiz, Manuel [Valle]
    Nueva bibliografía de la antígua esgrima y destreza de las armas.
    Santiago de Compostela: AGEA/ Edizer, 2012